En cuanto hacemos un mínimo lugar para corrernos de la cultura oficial que nos exige reconocer públicamente que luego de la muerte no hay nada y que nos impone el mandato social de “hacer el duelo”, las experiencias y los relatos se multiplican. La que se pone los zapatos de su abuela, el que le escribe a su hijo fallecido, el que llevó las cenizas a la punta de una montaña, la antropología forense, los difuntos que aparecen en los sueños o hacen signos, los funerales, las tradiciones populares, las sesiones de espiritismo, las series de televisión norteamericanas… Los muertos están entre nosotros, y están activos: influyen, transmiten, unen, movilizan, se transforman y nos transforman.
La cuestión, entonces, no es si los muertos existen o no, sino cuál es su modo de existencia. Resistiéndose a la tentación explicativa de las ciencias sociales y la psicología, y siguiendo los relatos de “quienes quedan”, Despret se pregunta en qué condiciones se prolonga la existencia de los muertos, qué los sostiene y qué los pone en riesgo, y principalmente de qué son capaces y de qué nos vuelven capaces.
La muerte es un tema que marca nuestra vida...puede que le de sentido, que le proporcione angustia. En general no tememos a nuestra muerte sino a la de quienes queremos porque es la muerte que puede ser vivida
En este libro nos habla de rituales, de espiritsmo de como la cultura oficial nos obliga al duelo. Qué nos dicen los muertos y como lo hacen: sueños, espiritismo, señales
Todo lo que la cultura racional niega o vanaliza, tiene sentido

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