El mundo de Mariana Enriquez no tiene por qué ser el nuestro, y, sin embargo, lo termina siendo. Bastan pocas frases para pisarlo, respirarlo y no olvidarlo gracias a una viveza emocional insólita. Con la cotidianidad hecha pesadilla, el lector se despierta abatido, perturbado por historias e imágenes que jamás conseguirá sacarse de la cabeza. Las autodenominadas «mujeres ardientes», que protestan contra una forma extrema de violencia doméstica que se ha vuelto viral; una estudiante que se arranca las uñas y las pestañas, y otra que intenta ayudarla; los años de apagones dictados por el gobierno durante los cuales se intoxican tres amigas que lo serán hasta que la muerte las separe; el famoso asesino en serie llamado Petiso Orejudo, que sólo tenía nueve años; hikikomori, magia negra, los celos, el desamor, supersticiones rurales, edificios abandonados o encantados... En estos once cuentos el lector se ve obligado a olvidarse de sí mismo para seguir las peripecias e investigaciones de cuerpos que desaparecen o bien reaparecen en el momento menos esperado. Ya sea una trabajadora social, una policía o un guía turístico, los protagonistas luchan por apadrinar a seres socialmente invisibles, indagando así en el peso de la culpa, la compasión, la crueldad y las dificultades de la convivencia.
Escucho un programa de radio: Oír con los ojos. Intento seguir leyendo mientras escucho. No puedo, es que hay una escritora que no conozco y que me está seduciendo con su voz, su locuacidad, su intensidad. Nombra a Leila Guerriero y a Herzog. Entonces, dejo mi lectura y me entrego absolutamente a escuchar. Anoto lo que cita, los libros que nombra. Es sábado. El lunes voy a la librería le pregunto a Juan por el libro de Leila: Zona de obras. Me distraigo y me olvido de Herzog. Termino llevando uno de Ursula LeGuin y otros para nada relacionados con el de Carolina, pero sí me llevo El resto del mundo Rima Lo leo con avidez, con absoluta voracidad. A los pocos días llega una invitación de la Red de Clubes de Lectura para tener un encuentro con la mismísima autora. En una librería nueva Amazonia y donde íbamos a compartir lectura y sabores porque el convite venía con brunch. Me inscribí sin dudar. Era la oportunidad de compartir mi pasión lectora, escuchar otras lec...
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