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Una guìa en el arte de perderse / Rebeca Solnit

 

Perderse, en un espacio, en el tiempo, en la razón.

Hay miles de formas de perderse.

Este libro cuenta y reflexiona o mejor nos hace reflexionar sobre PERDERSE.

Perderse en un viaje

Perder cosas

Perder a quienes amamos

Perder la vida en el planeta

Perder la razón: la locura

Una abuela que es internada en un psiquiátrico y su esposo se casa con otra mujer.

Perderse en un paisaje como modo de encontrarse a símismo.


Lo más difícil de escribir estos artículos es que cuando se habla de libros sobre “salud mental” inmediatamente nace la expectativa de que una debería ofrecer soluciones y consejos puntuales para llevar una vida saludable. Pero el hábito de leer libros tiene que ver más con aprender a formular las preguntas necesarias que con buscar respuestas unívocas. Consciente de que existen tantas posibles soluciones como libros en el universo, lo que una como lectora en el fondo quiere es encontrar textos con los cuales aprender a pensar y ensayar interpretaciones de las múltiples ideas que otros intentan compartirnos, para así intentar descifrar también lo que una misma siente y piensa. Del mismo modo en que antes de hallar claridad necesitamos confundirnos, para descubrir algo en las páginas de un libro, es esencial que en el proceso nos perdamos en ellas.

Pero, ¿qué significa perderse? Para la escritora e historiadora Rebecca Solnit —autora del célebre “Los hombres me explican cosas”—el acto de perder tiene más similitudes con el acto de ganar de lo que socialmente se cree. Sin embargo, porque se nos induce a vivir para ganar en términos materiales y acumulables (ganar dinero, premios, fama, likes e incluso amistades), como si más fuera equivalente a mejor, no percibimos que quizá a veces menos puede ser lo óptimo. Así como no es hasta que perdemos algo o a alguien que identificamos su verdadero valor en nuestras vidas, los ensayos del libro nos plantean que no es hasta que nos perdemos, es decir, hasta que nos adentramos en lo desconocido, que surge la posibilidad de descubrimiento. “Piérdete en el mundo,” cita la escritora al trascendentalista Henry David Thoreau, “y encontrarás tu alma.”

Solnit escribe sobre diferentes tópicos, como el arte de Yves Klein, el cine de Hitchcock, la historia de su familia, la de sus relaciones pasadas o la de los pueblos nativos de los Estados Unidos, para profundizar en el arte de lo que el poeta John Keats definía como “capacidad negativa”: la capacidad para permanecer cómodos en medio de la incertidumbre, la duda y el misterio. O podríamos decir, el reconocimiento de nuestro propio desconocimiento, aquel que es imprescindible para interrogarnos sobre nuestro lugar en el mundo, tanto geográfica como espiritualmente. Es así que, a la manera de Virginia Woolf, la autora explora ese “ferviente deseo de no ser nadie o de ser cualquier otra persona, de liberarse de las cadenas que te dicen ser quien eres, como cuando viajas por tierras extranjeras y lugares remotos.” Y así Solnit nos lleva por sus travesías en las carreteras y los desiertos norteamericanos donde los espacios abiertos —al igual que las vistas aéreas de zonas no identificadas desde las ventanitas de un avión— generan una sensación de inmensidad que nos invita a dejar de ser quienes supuestamente somos y a transformarnos en quién sabe quién… no nosotros, pues el futuro es (o debería ser, en todo caso) incontrolable.

Perderse, por tanto, podría ser un estado deseado en vez de un error. Desaparecer del mapa con intención sería más interesante que exponer nuestra ubicación corpórea; distanciarnos de lo que nos es familiar podría ser un acto más amoroso que aferrarnos a una creencia, a un tiempo o a un lugar; y percibir cómo aquello que empieza a alejarse de pronto se siente más próximo a nosotros podría incluso resultar bastante más íntimo que la cercanía física. En lugar de procurar manuales, instrucciones de paso a paso, glosarios, diagnósticos e identidades fijas para vivir correctamente, a lo que este libro (irónicamente denominado guía) apunta es a recuperar el valor del misterio incognoscible y del descontrol. Porque al final la vida de un ser humano no se funda en el éxito o en la felicidad siquiera, sino en saber identificar las distancias adecuadas entre uno mismo y todo lo demás —sean valores culturales, recuerdos personales, anhelos, sueños a futuro o el simple espacio vacío inalcanzable en un mapa. Al igual que cuando nos suponemos demasiado convencidos y enraizados, demasiada cercanía se traduce en insuficiente perspectiva para movernos, vagar y ver todo lo que podría ocurrir y ser, para nosotros y para el mundo entero.


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