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La saga de los confines: los días del venado / Liliana Bodoc

 



Le llamo poesía, le llamamos,

a la aplomada hilera de ladrillos,
a la sopa fragante,
al cuaderno de puntas estropeadas.
Le llamo, le llamamos, poesía
a la espalda doblada de los viejos
transformados en signo de pregunta.
No importa si nos sobra el decasílabo
o si nos falta la rima.
Le llamamos estrofa
a todo lo que canta.
Le llamamos metáfora
al sudor,
a la nuca dolida,
al día que demora,
a los huesos de Carlos Fuentealba.
Nosotros, que tendemos las palabras al sol,
como la ropa blanca,
llamamos poesía al día que nos toca.
Nos hacemos poetas
entre ayer y mañana."

Con estas palabras inicia su conferencia en la apertura  de las Jornadas de Literatura en la escuela de Jitanjáfora en 2017 que pueden disfrutar aquí
Liliana dice que ella no es poeta, pero su homenaje a la palabra bien dicha y bien escrita se muestra en cada una de sus obras. 

Fue una niña mentirosa, porque mentir fue su forma de decir la verdad. De sentirse triste porque no entendía la muerte de su madre siendo ella una niña de seis años. Seguramente ahí se inició su vocación narrativa que estuvo escondida y latente hasta los cuarenta años. Tan mentirosa que ni siquiera su nombre es verdad..bueno en parte ella es Liliana Beatriz Chiavetta, se puso Bodoc para tener el mismo apellido que sus hijos.  Ella hija de un comunista y una señorita de alta sociedad que disfrutó poco por una muerte demasiado temprana.

 Fue una joven rebelde, que abandonó los estudios secundarios porque no soportaba  su régimen ni sus métodos.

 La educación debe dar herramientas a la soledad humana

Siendo adulta, casada, con dos hijos: Galileo y Romina, decide terminar los estudios liceales para ingresar a estudiar letras en la Universidad de Cuyo. Fue docente y siempre lectora.

Sus lecturas preferidas pueden ver en Audiovideoteca, pero les adelanto:

Vida cotidiana en la Edad Media, un libro que conserva desde la infancia; 

Cuentos de Poe que perteneció a su madre; 

Viajes de Marco Polo;

Pedro Páramo de Rulfo;

Alicia 

El castillo de Kafka; 

Cien años de soledad;

Memorial de Isla Negra;

El Corán

Quizá este último llame la atención, la Bodoc profesaba la religión musulmana.

 Soy musulmana y busco ese dios amoroso, otro no me interesa


Fue maniática del orden. Una necesidad imperiosa por tener todo ordenado en su entorno. La escritura la salvó de esa obsesión.
Además de libros y objetos como duendes y magos, gustaba de las miniaturas como dragones, gatos, objetos varios de tamaño minúsculo.

LILIANA ESCRITORA

Para Liliana la literatura es el cómo se cuenta que nos pone en otro plano del lenguaje por encima de el qué pasa.  La poesía, dice está en las antípodas de la Policía. Decidir el lenguaje es decidir quienes somos.

La palabra poética no se conforma con lo que dan los sentidos dice más, engrosa el lenguaje y renueva la realidad. Más que incitarnos a consumir nos conduce a soñar

Bodoc, escribe desde la pasión, desde el enojo: Cuando no me queda nada me queda la pasión. Voy a los libros que me salvan.

En cuanto a la infancia y su relación con la literatura: Leer y andar en bicicleta son cosas que en la infancia se hacen porque sí. 

Leer a Bodoc es siempre volver a la infancia con esa avidez lectora, con ese placer infinito de perderse en el tiempo llevado de la mano por las palabras.

En un homenaje luego de su también absolutamente temprana muerte, su hijo dice que Liliana no murió que simplemente abandonó su cuerpo para estar con todos siempre. Devetach dice que su querido Gustavo Roldán no murió porque ahora sí siempre está con ella, igual nos pasa con Liliana.

La memoria es una casa en la que cabemos todos

En esa casa nuestra querida escritora nos convida a habitar para estar juntos para construir un mundo maravilloso.









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