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DEL HORRIBLE PELIGRO DE LA LECTURA. Texto extraído de GARCIA GUERRERO, José. La biblioteca escolar, un recurso imprescindible, 1999

DEL HORRIBLE PELIGRO DE LA LECTURA

¡Por Dios, señora condesa! ¿Os dais cuenta del crimen que estáis cometiendo? Habéis osado corromper a vuestro tierno e inocente retoño iniciándole en el más nefando de los vicios, la lectura. [...]
Sabed que una vez encenagado en la lectura, vuestro pobre hijo ya no se detendrá ante ninguna fechoría: se atreverá a pensar por sí mismo, desobedecerá a los farsantes aunque lleven ropón hasta los pies, intentará descubrir las causas del mundo físico y social que nos rodea en lugar de repetir las jaculatorias usuales y quizá hasta llegue a convencerse de que un buen comerciante o un buen tejedor son personas más útiles a sus semejantes que un rufián de apellido ilustre o un general de caballería..[...].
(Savater, Fernando. 1993).

¡Cuidado con la lectura!
Si de buscar razones y fines para promocionar la lectura se trata, el irónico texto de Fernando Savater es de por sí bastante elocuente y paradigmático. Junto a la familia, la escuela juega un papel esencial en la creación de hábitos lectores. Para que en el centro educativo se trabaje en este campo habrá que hacer un esfuerzo en el sentido de recomendar e invitar al profesorado a corromper a sus inocentes alumnos habituándolos a la lectura, eso sí, sin caer en ningún tipo de fundamentalismo lector.
Es evidente que la lectura es un instrumento fundamental no sólo para el estudio (necesario en todas las áreas del conocimiento), sino también para una armónica adaptación y evolución personal ante las exigencias de la sociedad actual, ayudando a comprender, aprehender y conocer mejor el mundo circundante. Hay que tener cuidado con la lectura puesto que puede desarrollar la personalidad, enriqueciéndola permanentemente. Leer puede convertirse en un peligroso hábito personal que, aunque exija esfuerzo y un papel del lector activo, reportará un apoyo inestimable para la autorrealización. No hay duda de que la adaptación a la civilización moderna exige cada vez mayores niveles de dominio de los códigos lingüísticos, mayor capacidad de selección y análisis de los mensajes. El nefando vicio de leer puede facilitar al lector esa mejor adaptación e incluso darle la amenazante posibilidad de pensar por sí mismo.

Hechos que no favorecen el fomento de la lectura y la escritura
Pues amigo lector, no favorece la lectura la escala de valores de la sociedad actual, la infravaloración del esfuerzo, la consecución del éxito personal inmediato, el consumismo a ultranza y demás vértigos de la humana condición. No favorece el acercamiento al libro los hábitos sociales respecto a la ocupación del tiempo de ocio con ofertas donde la pasividad se adueña de todo determinando gustos, necesidades e intereses.
Tampoco beneficia la creación de hábitos lectores la falta de estímulos y motivación desde los centros educativos, desde la propia familia (desinterés, desconocimiento, falta de orientación), desde las mismas instituciones públicas y los medios de comunicación social, la televisión en especial.
Esta, con su inmenso poder, posee algunos inconvenientes bastantes funestos como, por ejemplo, destruir la creatividad, favorecer la pereza intelectual, promover la superficialidad... Por otra parte, los ritmos vertiginosos de su peculiar lenguaje dificultan la reflexión. Sin embargo, la televisión no es ni mala ni buena. ¿No sería una buena estrategia convertirla en aliada y en un recurso más de apoyo de la animación lectora?
No promueve la lectura la obligación, entendida como exigencia inexcusable y forzosa para superar ciertos objetivos académicos. D. Pennac (1993) escribe que el verbo leer no soporta el imperativo.
La coerción, las exigencias de trabajos escolares - comentarios, resúmenes, etc.- no han propiciado el acercamiento y la consecución de una actitud positiva hacia el libro. Se ha visto el libro y su utilización más como castigo que como acto gozoso.
Escuela y familia equivocan a veces los métodos para que el niño y el joven valoren la lectura como una práctica enriquecedora, sobre todo cuando ponen el énfasis en consignas y frases como: "Lee y te harás un hombre de provecho". "Lee y llegarás a ser alguien". "Con tu edad yo me había leído ya..."."Estudia (es decir lee libros) , si no ya sabes lo que te espera...". "Hay que leer cuatro libros durante este curso y son..."Tenéis un mes para leer este libro y hacerme un resumen, rellenar tres
fichas, etc.". "Aprende de tu hermano que todos los días lee y saca las mejores notas"...
Con estas y otras frases/consignas parecidas se hace un flaco favor a los jóvenes y a los niños. Si pretenden hacer lectores, casi siempre logran todo lo contrario.

Factores que pueden favorecer la promoción de la lectura
Puede favorecer el hábito lector el convertir a la televisión en aliada de la lectura a través de programas didácticos/culturales. La utilización del vídeo en el centro escolar por los propios alumnos, con una línea de producción propia de programas y con posibilidades de difusión entre la comunidad educativa puede generar un ambiente lector más vivo y participativo dentro y fuera de la escuela. Contribuye positivamente al fomento de la lectura el desarrollo de proyectos o programas para promocionar la lectura en los centros educativos, contando con una biblioteca escolar viva. Un clima familiar sensible facilitador de los intereses lectores de sus hijos y una permanente programación de actividades ofertadas por el municipio (programas en las bibliotecas públicas, campañas, información continua sobre ediciones, etc.), beneficiarían
notablemente las relaciones con los libros. Otras acciones estarían en la línea de organizar anualmente ferias del libro, jornadas de animación, días del libro, actos relacionados con la lectura, campañas de fomento, etc. Hay que señalar que se precisará siempre de la continuidad en las intervenciones desde todos los ámbitos, con estrategias adecuadas y adaptadas a los receptores (infantil, juvenil, adultos).
Para poder avanzar en este terreno habría que desterrar previamente el conjunto de falsas ideas que aún perviven en no pocas entendederas tanto dentro como fuera de la propia institución docente.

Erradicar las falsas ideas que se tienen del libro, la lectura y la escritura
Es necesario poner todo el énfasis persuasivo e imaginativo en la ardua tarea de hacer comprender a quien no lo supiere o viere que la lectura no es sólo para empollones, eruditos, sabios, catedráticos, gente selecta o rara. Querida lectora, estimado bibliotecario, maestro paciente, haced todo lo posible para que pequeños, jóvenes y mayores vislumbren que la lectura puede ser fuente de gozo y disfrute, incluso la lectura de aquellos libros y textos cuyos contenidos no sean expresamente literarios. Por otra parte, creo que sabéis que la justificación mil veces repetida de que los libros son caros no se sostiene en la sociedad actual cuando se intenta esgrimir como una
razón más que impide el acceso al libro y mutila el desarrollo de hábitos lectores. Verdad es que existen servicios de préstamo en las bibliotecas públicas y escolares claramente infrautilizados.
Ya es hora de superar el debate de qué leer: clásicos o contemporáneos. A cada libro, a cada lectura, se llega en un momento determinado por un proceso natural y personalísimo del lector. Ni la tradición literaria de una comunidad puede ser desdeñada en el presente, sobre todo por los
docentes, pero tampoco debe arrinconarse a la cultura viva del propio presente, construida día a
día. Y es que ambas se complementan y necesitan.
Por parte del profesorado debe superarse la idea y el prejuicio de que se pierde el tiempo cuando
se realizan técnicas o estrategias de fomento de la lectura con los alumnos. El agobio que produce
la falta de tiempo, ¡siempre falta tiempo!, y la obsesión por cumplir, a veces compulsivamente,
con los objetivos y contenidos de los programas académicos, del despótico libro de texto,
provocan automáticamente el rechazo de otras formas de intervención.
Por parte del alumnado, debe hacerse un esfuerzo por superar el miedo o impotencia infundada
a no entender y comprender lo escrito, a ver el libro como un objeto extraño, difícil, inextricable.
Asimismo, con respecto a la escritura es necesario dejar de considerar al proceso de composición
de textos como un acto o trabajo puramente estético y exquisito para el que se necesitan
unas cualidades excepcionales. Un esfuerzo más procuraría hacer ver que el contacto con los
libros no termina necesariamente cuando finaliza el período de la escolaridad obligatoria. Esta asociación suele resultar bastante nefasta.

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